Cuando
la televisión era aún en blanco
y negro, transmitían una serie muy
gustada entre el auditorio que luego hicieron
película, basada en la biografía
de un grupo de policías fiscales
federales allá en Norteamérica,
que encabezaba el incorruptible Elliot Ness,
que fue un personaje de la vida real y cuya
fama creció al llevar a
Chirona nada menos que al capo de la mafia
Alfonso Al Capone.
La
historia de Ness y sus muchachos ocurre
en los barrios bajos de Chicago, en los
tiempos en que estaba prohibida la producción,
importación, distribución
y consumo de todo aquello que contuviera
alcohol, desde una inofensiva cerveza, hasta
el whiskey con mayor grados Gay Lusac, por
lo que Los Intocables, como se conoció
a ese grupo selecto de fiscales, perseguían
y atrapaban para llevarlos ante el juez,
a todos lo que osaran traficar con las bebidas
espirituosas.
Es
una pena que los dueños de las televisoras
que mantienen bajo llave esa y muchas otras
series de la televisión, no las repitan
para deleite de quienes las vimos en un
lejano ayer, pero también para quienes
hoy son televidentes pues era una serie
muy exitosa y los domingos por la noche
las familias se reunían frente al
televisor para ver cómo se luchaba
contra los traficantes: eran batallas épicas
a punta de ametralladora y persecuciones
en automóviles que, comparadas con
las de hoy, claro, darían risa.
Lo
que podemos constatar es que las escenas
violentas, sangrientas y destructivas, denotaban
grandes pérdidas materiales y humanas,
derivadas además de la pugna entre
grupos que pretendían el control
de los mercados clandestinos y luego fueron
además derivando en otro tipo de
servicios y mercancías, como la prostitución,
el juego y más tarde drogas prohibidas.
Si
le parece que le estoy hablando de un tema
conocido, no es porque sea de actualidad,
sino que la historia, como dicen, cansada
de crear, se repite. Los intocables pasaron
pronto al archivo de los esfuerzos inútiles
pues un día, el congreso de aquel
país, optó por una medida
del tamaño del problema: los legisladores,
por mayoría de votos, optó
por la legalización del alcohol que,
al dejar de ser prohibido, como era de esperarse,
incrementó en su consumo, mas al
paso de unos meses se estabilizó,
pues dejó de ser una tentación
prohibida y perdió su valor, por
lo que los integrantes de esos grupos en
pugna pronto se desvanecieron o cambiaron
de giro.
Si
le suena que se trata de un tema conocido
o de actualidad, le suena bien: sólo
que nos ha tomado mucho, muchísimo
tiempo aprender la lección; sin embargo,
como suele ocurrir en nuestro país,
el modelo a seguir, la pauta a copiar, vendrá
del norte. Allá, se discute muy seriamente
ya la legalización de la marihuana
–a la que además se le atribuyen
propiedades curativas, según los
médicos investigadores-, de modo
que una vez que eso ocurra, copiaremos la
medida, más tarde que temprano, y
será para
bien, me parece.