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El que parte y…

Lunes 20 de Febrero de 2012






Tienen razón quienes advierten: el que parte y re comparte se lleva la mejor parte en referencia al Congreso de la Unión. Vaya a diputados y senadores, 628 personas: quinientos en la primera y 128 en la segunda. Son ellos, en efecto, los que determinan cuánto dinero se le exprima al pueblo a través de sus impuestos para que los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, puedan disponer su gasto. Por ello no debe sorprendernos cuando la Auditoría Superior de la Federación se queja que ambas cámaras ocultaron el gasto de dos mil millones de pesos. Para que se entienda mejor no justificaron esa enorme cantidad repartida entre los legisladores sin incluir por supuesto a los empleados. Vaya los que sí trabajan pero a los que solo les toca su raquítico salario de burócrata, no de político. Fueron para ser exactos 2 mil 95 millones de pesos no auditables porque no existen datos. Y si se gastaron o simplemente fueron a parar a sus cuentas de cheques. Este monto, como ya explicamos, fue exclusivamente para los siete grupos parlamentarios representados en el Congreso y que quedó fuera de la auditoría porque “basta” que sus líderes emitan “recibos” para justificar el ejercicio de los recursos.
Pero no solamente ocurre en el Congreso de la Unión, sino también con los otros dos poderes, el Ejecutivo y el Judicial, que al parecer según informa la Auditoría tienen partidas autorizadas por el Legislativo que se gastan sin tener que comprobarse. Todo queda en el secreto mas impresionante porque nadie los llamará a cuentas ¿quién los va a obligar sin son ellas mismos, las autoridades, quienes lo disponen? Podrá ocurrir como ahora que alguien lo denuncie, lance un grito en el desierto, el pueblo se conduela de su suerte, acaso derrame una que otra lágrima, pero a quién recurrir para meterlos al orden. Ni modo que ellos mismos sean, como hoy, juez y parte y se condenen a regresar el efectivo que no se haya justificado. Suena como a letra de tango, pero hasta allí. Si reuniéramos las denuncias que ha emitido “al aire” la quisquillosa Auditoría Superior de la Federación a través de los años y quisiéramos encontrar qué se hizo, caeríamos en lo de siempre: nada, absolutamente nada. Porque las cantidades siguen en el limbo.
Solo nos faltaba que diputados y senadores de los partidos políticos admitieran la falta de transparencia en el manejo de los dineros en el Congreso y otras instancias y se pronunciaran a favor de crear mejores mecanismos de fiscalización que evitara una imagen o idea de opacidad y mal versación de los recursos, como ya lo hicieron público algunos voceros de los partidos políticos en un intento vano de lavar culpas y mitigar críticas, como ocurre siempre.
Al respecto acabamos de leer una anécdota sucedida en una preparatoria en donde el maestro pregunta a los alumnos: ¿Qué diferencia existe entre un político y un ladrón? Un estudiante en extremo inocente responde: “A los políticos los elegimos nosotros y los ladrones nos eligen a nosotros…” El profesor, sorprendido, acepta la contestación y confiesa: “Es usted el único que encontró diferencia”. En los gastos para celebrar el Bicentenario de la Independencia y Revolución Mexicana, también hay malas cuentas a las que ninguna autoridad le da importancia. Y ya busca chivos expiatorios para exculpar a los verdaderamente sinvergüenzas.
carlosravelogalindo@yahoo.com.mx




 
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